Sabia que pronto alguien se iba a enterar, que alguien sabría donde se escondía su maldad. Entre la sangre que corría por el suelo, sus palabras se derrumbaban como el llamado de todos los días. La misma persona a la que había molestado día tras día durante casi seis mes, riéndose de su malhumor causado por la falta de sueño, era aquella que ahora lo miraba sonriente entre el humo de la habitación. La pared manchada en sangre atraía el cariño del frío que ahora percibía mientras recordaba cuantas veces la había nombrado antes de que se despertara para su propia diversión.
Repentinamente ella se sentó a su lado, el brillo de sus ojos completamente negros reflejaban demencia mientras sonreía de forma descomunal. Lo abrazó, rozando el trozo de casco craneal que la bala había despegado, mientras susurraba.
- Estabas tan dolido y pendiente de despertarme y burlarte de mi para no llorar, que en veintitrés días nunca quisiste aceptarlo... amado hermano, seguiste por no aceptar que ya me habías matado...-
TK.









