viernes, 16 de diciembre de 2011

"Justo a Tiempo"

    Mi hermano y yo siempre fuimos muy unidos, al punto de enojarnos e, incluso, discutir con nuestros padres por defendernos. Ese día mi padre nos amonestó, antes de viajar, por volver tarde a casa.
    Estuvimos un tiempo en silencio, tratando de apaciguar los ánimos, pero no funcionó. Me abracé incómodamente al asiento, ya que el cinturón de seguridad no me permitía voltear del todo, y quedé mirando por la ventana de mi derecha mientras sentía una extraña opresión en el pecho. Acto seguido saqué mi encendedor y me puse a jugar lanzándolo apenas, tomándolo y volviéndolo a lanzar hasta que mi hermano me agarró la mano, deteniéndome, con expresión preocupada. Preguntó que sucedía pero en lugar de responder, le pregunté que pensaba acerca de la muerte. Usualmente teníamos conversaciones de ese tipo en nuestro tiempo libre, pero nunca habíamos tocado ese tema y no era, definitivamente, algo que encajara con el momento. Dudó por un instante pero aun así me mostró su punto de vista, lo que consideraba positivo y lo que consideraba negativo. Sin siquiera darnos cuenta, nuestros padres habían empezado a  hablar entre ellos tratando de silenciar nuestra peculiar charla, supongo. Aun molesto por la posición levanté las piernas al asiento, quedando meditativo con la respuesta.
    La opresión en mi pecho se hizo mas intensa, produciéndome una angustia excesiva que me invadió por completo. No era la primera vez que lo sentía, pero la culpa fue mayor por haber ignorado a mis padres después del reclamo de la mañana. Me acurruqué pensando que no había modo de volver atrás; solo restaba pedir disculpas y esperar algo positivo.
  Sin moverme de mi lugar posé mi mano en el hombro de mi madre y le pedí perdón, con lo que me dedicó la mas dulce de sus sonrisas y estiró su brazo para tocar la pierna de mi hermano y luego la mía, aclarándonos que su enojo ya era parte del pasado y que en esos momentos solo quería pasar unas semanas, tranquila, junto a nosotros.
    Me sentí aliviado por lo dicho y mi paso siguiente era disculparme con mi padre; pero ese paso no llegó.
    Sentí gritar a mi hermano, un impacto y un chillido ensordecedor que cruzó mi cabeza.
    Abrí los ojos. No entendía nada, solo que mi cinturón de seguridad se había desprendido y no podía moverme del dolor que sentía hasta que repentinamente alguien comenzó a tirar de mi para sacarme. Reconocí a mi padre aunque mi cabeza estallaba y, mi cuerpo y mi pensamiento no concordaban. Me levantó en brazos a duras penas y me alejó del auto; me llevó a un árbol cercano y me sentó ahí mientras me palmeaba la cara. Levanté la vista a su cara y noté que me hablaba. No pude percibir lo que decía, estaba aturdido, sin embargo quise mirar sus ojos. No pude saber en voz lo que en esos momentos sintió; solo me fijé en su mirada, vi su desesperación, vi su impotencia. Y mis labios endurecidos no me dejaban calmar su ansiedad, mostrarle que me sentía bien pese a que un miedo profundo se había aferrado a mi. Juntó su frente con la mía mientras lagrimas, a medias carmesí, bordeaban su cara mojándome. Más quebré mis venas congeladas por el dolor físico, derrumbándome en un abrazo con un por fin logrado "perdón" y luego, liviano, me fundí con la nada que me abarcaba.
    No supe que fue de mi hermano, mi madre, incluso que sucedió. Solo era un todo negro, relleno de nada y el frió de mi debilidad momentánea.



TK.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

un diablo esta escribiendo aquí: